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¿Cómo hablar con uno mismo en un mundo lleno de ruido?
El futuro dejó de ser un territorio que se descubre.
Se volvió un espacio que se crea.
Y en ese cambio, aparece una tensión nueva:
la conversación entre la mente que busca certezas…
y la conciencia que insiste en crear.
La voz que nos acompaña a todas partes
En este banco de plaza donde a veces me siento a pensar, encuentro que ya no hay una forma clara de interpretar el terreno. Miro hacia todos lados y veo que los caminos que antes marcaban el territorio se desvanecen. Las certezas sobre el futuro se diluyen, y yo quedo acá, estático, contemplando cómo la vida pasa.
Intento construir nuevos mapas, darle forma a esa bruma espesa que llamamos futuro, que con cada respiración cambia su contorno. El futuro dejó de ser ese lugar donde la utopía tenía su morada; ahora es un territorio donde habita una incertidumbre persistente.
El umbral que antes estaba marcado por la muerte se corrió, como un telón que se levanta para dejar al descubierto el escenario donde transcurre nuestra vida.
Cuando los mapas dejan de servir
La solución más saludable parece ser vivir el presente, el famoso “aquí y ahora”, porque el mañana se volvió tan esquivo que preocuparse por él empieza a parecer una idea antigua.
Además, pareciera que ya hay quien quiera encargarse de eso por nosotros. La tecnología promete anticipar, decidir, optimizar.
¿O no es tan inteligente como para hacerlo?
Por momentos, pareciera que nuestro tiempo de diseñar el futuro se terminó. Después de millones de años, tal vez sea momento de descansar. De pasar la posta.
De convertirnos en algo parecido a los Eloi: esos humanos del futuro, delicados y despreocupados, que viven en la superficie mientras otros sostienen el funcionamiento del mundo.
Mente vs conciencia: el verdadero conflicto
Pero esa voz… esa voz no se calla.
Mi mente busca certezas.
Orden, previsibilidad, respuestas claras.
Necesita mapas. Necesita garantías. Necesita saber.
Pero mi conciencia no.
Mi conciencia no quiere certezas.
Quiere crear.
Me dice que todavía no es momento de dejar de ser humanos.
Que todavía hay territorios por descubrir. O, más aún, por inventar.
El abismo del sinsentido no es un vacío que nos devora.
Es un espacio abierto.
El futuro no se encuentra, se construye
Mi mente discute con esa voz. Con lógica, con argumentos, con una perspectiva que relativiza todo. Me recuerda que la humanidad no es más que una especie más en la historia de este planeta, perdida en una escala insignificante dentro del cosmos.
Pero la conciencia insiste.
No es solo esperanza. No es solo creencia. Tampoco es lógica.
Es otra forma de certeza.
Una que no explica… pero empuja.
Me hace sentir que, incluso frente a lo incierto, tiene sentido seguir dibujando mapas de humanidad.
El futuro ya no es orden y progreso.
El futuro es desorden y creación.
Dibujar una nueva humanidad
Por eso, las estructuras y los manuales con los que aprendí a leer el mundo ya no alcanzan. Las brújulas dejaron de señalar un destino claro.
Tal vez sea momento de soltar los instrumentos…
y tomar un lápiz.
Un papel.
Y empezar a dibujar.
No para conquistar territorios, sino para darle forma a la propia existencia.
Seguiremos necesitando la ciencia, las artes y las religiones. Siguen siendo nuestras materias primas. Pero hace falta cambiar la perspectiva para que un nuevo sentido pueda emerger.
Mi conciencia me dice que la humanidad no es más importante que un grano de arena en el desierto.
Pero también me dice que eso es suficiente.
Suficiente para tomar un lápiz…
y dibujarla en el lienzo de mi propia vida.
¿Y vos… a quién estás escuchando?
¿A tu mente o a tu conciencia?
Te leo en los comentarios.


