– Comienzo el lunes.
– No hoy. El lunes.
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Porque siempre parece haber alguna razón para esperar. Una cosa pendiente, una excusa razonable, un cansancio que merece ser atendido. Pero el lunes… el lunes tiene algo distinto. El lunes parece venir con una promesa. Como si al cambiar el nombre del día pudiéramos cambiar también la versión de nosotros mismos.
El lunes que todavía no llegó
A veces necesito un punto de partida para sentir que voy a empezar. No necesariamente porque lo que quiero hacer sea importante. Muchas veces son cosas pequeñas: empezar una actividad, retomar algo que abandoné, ordenar un poco la vida, hacer eso que hace tiempo vengo diciendo que debería hacer.
Pero no lo hago hoy.
Elijo un lunes.
Y ahí empieza la trampa.
La gratificación de tener un plan hoy se contradice con la versión de la persona que lo tiene que cumplir. Porque cuando llega el lunes sigo siendo yo, pero ya no estoy motivado como cuando hice el plan, y ahora tengo que convencerme de hacerlo solo porque me lo propuse… Y la verdad, ya no tengo ganas, pero, por suerte, el lunes que viene seguro que sí.
Y obvio, el próximo lunes sigo siendo yo.
Entonces, ¿dónde está la diferencia? ¿Vos qué creés?… Seguro, la próxima vez que abras las redes vas a tener el feed lleno de consejos y te vas a desbordar de información y de planes motivacionales de personas exitosas que ya lograron alcanzar el ticket dorado de la vida.
Y uno acá, sintiendo que aún no logró nada y viendo que ese objetivo se vuelve cada vez más difícil de alcanzar. Porque quien lo tiene que cumplir no tiene nada que ver con la persona que soy. Entonces, mejor, vuelvo a los reels de gatitos haciendo cosas graciosas.
No es el mismo lunes
Siempre es lunes. Igualmente, es una metáfora contradictoria, porque, si el cambio es tan posible hoy como mañana, entonces podría comenzar mañana, ¿no? Lo que le falta a la frase es que siempre es lunes, pero no es el mismo lunes de ayer, o por lo menos no para mi versión actual. Y los intentos fallidos se nos suman a la lista de fracasos que se vuelve una mochila pesada a la hora de volver a creer en nosotros.
Pero… hoy es lunes, o por lo menos para mí, así que vamos a intentarlo de nuevo.
Porque, al final, “siempre es lunes” y es el momento justo en el que podemos intentar ser la persona que va a cumplir con ese objetivo. Solo debemos tener en cuenta que la meta no es el desafío, sino transformar a quien tiene que llevarlo adelante. Esa persona que pueda mantener en el tiempo una conducta que le permita estar un poco más cerca de lo que busca.
El objetivo no es todo
Al vernos así, el foco no lo ponemos en la tarea, sino en nosotros, en descubrir qué cosas podríamos hacer para acercarnos a ese objetivo, y eso es más real. Porque, si tenemos que hacer muchos cambios, pues entonces necesitaremos más nuestro combo personal de tiempo, herramientas, ayuda, motivación, tolerancia a la frustración o lo que creamos que nos hace falta para alcanzar nuestra meta.
Y esto que escribo, al final, es una receta más de cómo iniciar un proceso de cambio, otra de las tantas que pueden encontrar en las redes. Tal vez, lo que siento que la puede hacer diferente es que te propone mirarte a vos primero, en lo que necesitás cambiar para alcanzar lo que tenés ganas de hacer, y no tanto en el objetivo.
Elegir las palabras
La vida es una hermosa historia que vamos escribiendo a cada lunes, y tiene que ser tan tuya como vos quieras que sea. Para lo cual, no es solo el cuaderno donde escribís; esa propiedad ya no se nos quita desde que nacemos hasta que morimos. Sin embargo, la combinación de palabras que vamos a usar para contar lo que somos, esas sí las tenemos que crear nosotros.
La invitación este lunes es a que elijas tus palabras. No copies las de un maestro, un padre o un reel de TikTok. Sentate con un lápiz y un papel y contate a vos lo que querés ser. Después, fijate qué tanto de eso que te hace falta para lograrlo ya lo tenés, y lo que falta es la parte de la receta que vas a tener que inventar.
¿Qué creador queremos ser?
Cuando lo pienso así, me acuerdo de la metáfora de la vida como un pedazo de arcilla. No es el material lo que hace la diferencia entre un pedazo de barro y una olla para cocinar; es la intención del creador y su forma de crear lo que genera la transformación.
La pregunta este lunes no es qué vamos a hacer con ese pedazo de arcilla, sino qué creador queremos ser.



